viernes, 5 de abril de 2013

Pablo






Cuánto vale un beso tuyo? Y dos? Y dos docenas de docenas de húmedos besos y apretadas caricias en caliente desmesura?

Su cotización de valores no está en bolsa, hoy según qué bienes raíces y acciones voluntarias no cotizan, cierre de mercado, la onerosa gratuidad de tanta belleza colapsa la balanza.

Tu aportación ha roto todos los esquemas ideológicos y por supuesto económicos. Aportar estos dones y estos bienes sin compensación metálica hunden el mercado de valores y eleva tus valores a cotas nunca vistas y sobre todo nunca acariciadas.

Esto es lo que tú, mi querido Pablo, has conseguido despertar en mí después de no pocas tentativas, por fin llego el día de poner las cartas boca arriba y yo por gato viejo y mal fiado nunca creí los estamentos de tu información personal, ni tu nombre, ni tu edad, ni tu estado civil, ni casi tampoco las fotografías que adjuntaste en el informe.

Veinticinco años, quien puede creer que tu, una persona joven, esbelta, educada y bella puede tener algún interés por alguien que casi te  triplica la edad, que no te ofrece un porvenir ni tan siquiera una compensación pasajera, yo desde luego no, siempre que vi una pareja descompensada de edad y atributos físicos siempre justifique esta relación con un previo pago compensatorio a los servicios prestados y a la mercancía ofrecida.

No es tu caso, tu no ofreces mercancía, tu entregas a la persona, cada uno de los hermosos atributos que los genes de tus progenitores fabricaron para tu placer y goce de los afortunados que te compartimos, son tantas la cualidades que tu físico adornan que duele el pasar por alto alguno de los dones que en la larga lista de menciones intento acudir a su recuerdo.

Catarata de frescor dimana de tu boca, con este piercing metálico que salpica la comisura de tu labio inferior en su mejilla diestra. Negro cuervo negro es el color de tus cejas y pestañas como lo es el de tu pelo crespo, y esta piel de blanca y suave tornasol de ámbares y madreperlas níveas.

Piel seda, piel cebellina imposible de mejorar su tacto suave, nalgas de infante virgen por sus imberbes curvas de piel rasa, ni el aleteo imperceptible del bello masculino empaña la tersura del lienzo de tu espalda destino de tus nalgas.

No cometeré la procaz osadía de comentar tu falo, esta espada vengadora de sexos ignorados, contundencia abrasiva que entorpece el habla si de tan cerca observas el efecto de su causa.

Si cuando esas cerca de ella, tu ella,  tienes un fugaz recuerdo a mis besos y tormentos, si cuando sus pechos aplastas con tu tórax inflamado recuerdas mis aprietos, mis goznes que chirrían y mis puñetazos ciegos, feliz me hace tamaña turbulencia por difícil de captarte e imposible de entenderte.

Pero Pablo niño siempre que ella no te dé el sustento, todo el físico alimento que tu alma necesita, acude a mí para mis toques, mis campanas y mis fuegos, refugio de mentores y besos a tus labios.









jueves, 21 de febrero de 2013

Perdonad pero he de llamar a Bob





El film ‘Vida de familia’ es peculiar por diversos motivos, el que a mí me ocupa en estos momentos es el de resaltar lo que el director José Luis Font, para los amigos Joe Font,  intento reflejar sobre la sociedad gay barcelonesa de la burguesía de la derecha del ‘eixample’. El cast de la película era un mixto de profesionales de actuación, intelectuales de diversos campos y homosexuales, la mayoría hijos de la burguesía imperante en la fase del franquismo que se iba dulcificando aparentemente un poco. El equipo de dirección y producción era totalmente gay y por consiguiente la ideología consiguiente estaba muy presente, esto si disfrazada de modernidad francesa pedante i sofisticada, no olvidemos que en el año 1963 la ‘nouvelle vague’ estaba en su punto efervescente. Hay una frase en la película que estoy convencido que solo yo en estos momentos puede saber el porqué esta puesta allí i su significado.

Esta frase es:  – Perdonad pero he de llamar a Bob – la pronuncia lanzándola al aire, un muchacho muy joven vestido de smoking así como su padre, co-protagonista del film, y está a punto de salir con los padres para cenar, el chico es muy afectado, cursi e impertinente y esto que solo pronuncia esta frase, la referencia a este tal Bob, y como pronuncia la frase haga que de inmediato pienses que Bob es su amante.
Porqué el guionista de la película Enrique Ortenbach puso esta frase en el guion, interrupción que no viene a cuento puesto en aquel momento el matrimonio Carulla-Guillen están pidiendo casi caridad al patriarca rico de la familia y no tienen ni idea de quien es el tal Bob.

Historia de Bob – un personaje muy importante en la vida de todos en aquellos momentos era J.B. el hijo de un medico barcelonés del barrio que nos ocupa pero en su desbordada fantasía tenia la originalidad de desdoblarse en otro personaje aun sin travestimento, este personaje creado se llamaba Lili Barcelona. Tan potente era el personaje que J.B. había diseñado que poco a poco Lili se fue comiendo a su creador, cosa ya muy frecuente en la literatura pero que en real yo nunca lo había experimentado. El porqué Lili Barcelona o J.B. no aparece en el film es un misterio aunque bien podría ser que por una enemistad puntual con el director podría ser la causa, porque era una necesidad que Lili o JB estuviesen presente en alguna secuencia. Terenci quedo fascinado con J.B. yo los presente y el primer libro que creo escribió Moix era 'Lili Barcelona i altres travestis' aunque en aquellos años se llamaba ‘La torre dels vicis capitals’. J.B. era cinco años y un día mayor que yo.
Volviendo al Bob de la película, unos minutos más tarde se ve una casa con jardín y dos coches delante de la escalinata, un deportivo y un Mercedes, el hijo de la casa sube al deportivo y en aquel momento les dice a sus padres ‘Acordaros de recoger a Bob’, y la madre entrando en el coche le dice al chofer –‘Hemos de ir a recoger al señorito Bob’ fin del plano secuencia.
Lili o J.B. eran fascinantes ya que siempre sorprendían con unas imágenes brillantes y de gran mundo aunque la realidad, como pasa en ‘vida de familia’ en muchos casos solo son apariencias estúpidas de clase. Lili nos quería apabullar a todos cuando nos hablaba de su amigo Bob – Hoy he ido a tomar una copa al yate de Bob – Bob da una fiesta el 15 de Agosto – Bob me ha traído este disco (The sound of Music) de Londres, y así días y días… pero nunca llegamos a conocer a Bob.
Mi temperamento critico no es de ahora, manzana madura a punto de caer del árbol, con 18 años ya lo era y bastante. La cuestión es que empecé una campaña a favor de poner la palabra Bob en todas las conversaciones, todo lo maravilloso y excéntrico de la vida provenía de un Bob, estuviese Lili presente o no Bob empezó a tomar consistencia en nuestras vidas como sarcasmo irónico. Yo mismo me invente la palabra Bob-Shop para referirme a todo lo que en aquellos momentos compraba de bajo mano sea pornografía, KY o libros prohibidos por el hijoputa.
Ortenbach gran amigo de J.B. al hacer el guion puso esta referencia Bob que no molestaba nada para el público en general pero que los amigos de la colla sabíamos que era un pequeño dardo envenenado dedicado a Lili.
-       Perdonad pero he de llamar a Bob -  Era una frase solo para nosotros.
-        
Años más tarde unos ocho o diez conocí de la mano de mi novio sudafricano  a Bob por casualidad en Sitges que es donde vivía entonces, era un señor muy mayor que vivía en un pequeño apartamento detrás de la estación del ferrocarril, con una casa materialmente forrada de ejemplares de National Geographic y según se contaba lo poco que tenia se lo había chupado María Goretti, otro ejemplar de la fauna de Sitges, el yate de Bob existía pero no podía navegar era una embarcación muy vieja anclada en el puerto de Cambrils desde tiempo inmemorial, Bob era una persona culta pero que seguramente las circunstancias de la vida lo habían dejado en un estado de suma precariedad. Lili tenía la virtud de enriquecer con palabras el mundo gris  y la desesperanza humana y Bob era el ejemplo.




















jueves, 14 de febrero de 2013

Valentín, Valentino






Hay una manía peligrosísima en Cataluña de que te azoten con un exabrupto verbal cuando se menciona algo referente al día de San Valentín.
Lo primero que te sueltan es que en esta tierra el día de los enamorados no es otro que el día de sant Jordi.
Buscando antecedentes, es cierto que el acto de regalar rosas a las enamoradas viene de lejos, muy lejos,  pero sin aclarar cuando.
Más cercano a nuestro tiempo es el de comprar libros este mismo día, tradición que arranca de 1926.
Yo creo que Cataluña tiene la gran suerte de gozar de dos fiestas anuales para los enamorados, yo gozaría por tener una cada mes con sumo grado.
Qué tontería renunciar a que te regalen una cosita por el simple hecho de que ‘hoy no toca’ y si para rizar más el buche, el regalo es un complemento de Valentino, pues welcome cariño, cuando quieras me apunto.
Claro que la frase ‘Día de San Valentín’ siempre va unido a unas imágenes espolvoreadas de caspa madrileña cuando recordamos la inefable melodía de la película ‘El día de los enamorados’ de 1959 y revisada ad infinitum  en Cine de Barrio tan a menudo y porque no también recordar los horrorosos y repulsivos anuncios de El Corte Inglés, dedicados a este bonito día con el único propósito de llenar sus arcas con sus insaciables fauces predadoras.
En fin chicas, que vuestro maromo os regale un buen día acorde con sus posibilidades y vuestras dignísimas apetencias, hay regalos gratuitos que se reciben entre sábanas y que se recuerdan durante mucho tiempo.
Os lo dice una experta.







jueves, 7 de febrero de 2013

Alias, motes, apodos y sobrenombres.








Esta costumbre tan nuestra de rebautizar a los amigos es un hecho. Cuanto más amigo sea, más irónico será el sobrenombre empleado. La gente que no nos importa no tiene porqué tener alias. Por consiguiente quienes no tienen mote no nos interesan, prácticamente no existen.
Todo esto viene a cuento porque estoy leyendo un libro sobre el escritor americano de finales del 19 llamado Stephen Crane, éste malogrado escritor, murió tísico a los 28 años, tenía la costumbre de motear a sus amigos cuando hablaba de ellos con su mujer Cora, o era ésta la que le incitaba  a esta práctica de sarcasmo creativo. El matrimonio Crane tenían un círculo de amistades del mundo literario tanto de América como de Inglaterra, ya que en estos dos países residieron, de entre ellos destacan Wells, Conrad y James.
Por lo visto el mas afecto de ellos era el escritor Henry James de ademanes amanerados y de personalidad inconfundible, entre el matrimonio Crane cuando se referían a su amigo Henry James jamás empleaban en privado este nombre sino que se referían a él, empleando el alias que le habían impuesto, que no era otro que el de Enriqueta María (nombre bien familiar) princesa francesa que caso en el 17 con Carlos I de Inglaterra.
Henry James, tenía casi 30 años más que Stephen Crane, tenía una solícita predisposición para ayudarlo y protegerlo, como una madre, como una tía, como ‘Aunt Henriet Mary’
Todo esto viene a cuento porque al entrar, cuando muy joven,  en el mundo de las víboras intelectuales me di cuenta que nunca sabia de quien estaban hablando porque siempre se empleaban otros nombres en el 99% de los casos femeninos y siempre muy graciosos. Cuando a través del conocimiento y el tiempo podía casar el puzle del nombre auténtico, con el nombre inventado en la persona que los llevaba impuestos, me daba cuenta que todos los sobrenombres impuestos definen muy bien la personalidad de quien lo lleva casi siempre mucho mejor que el nombre de pila o de familia.
Terenci, jamás de los jamases mencionó a una persona amiga con el nombre que constaba en el DNI, siempre utilizo el nombre que él mismo inventaba para esta amistad o si el nombre era histórico, contundente i harto conocido (Susy Wong, Lili Barcelona, etc.) lo respetaba y lo dejaba que siguiese su curso en el rio de la vida.
Del uso de esta práctica no me he podido librar nunca, no hay antídoto contra esta perniciosa adicción.






martes, 5 de febrero de 2013

Zero es cero



La primera impresión que tuve al llegar a esta ciudad y al empezar a recibir a conocidos de amigos comunes, en mis salones recién abiertos, pero todavía sin decorar, es de desencanto y de estar fuera de contexto.
Yo estoy acostumbrada en la cuestión de bebidas de conversación a normas fijas. Toda mi vida de estos últimos años, el scotch y el bourbons no ha faltado nunca en mi mesa, fácil de servir y fácil de almacenar, con un cubito de hielo o a palo seco siempre acertabas.
Claro que antes del traslado y mudanza, ya me habían advertido que ahora en esta ciudad el gin tonic estaba en el primer sitio de la clasificación de las preferencias comunes, esto, para mí, es un inconveniente comparativamente con el scotch ya que necesitas más utilería y elementos para hacer el combinado pero queriendo estar a la altura de las circunstancias llene el frigorífico de tónicas, limas y limones y la despensa de tres clases de gin.
Rotundo fracaso el mío ya que todos los conocidos que me han venido a saludar por vía de terceras personas amigas mías, la mayoría del género masculino y de tendencia claramente unipartidista como se presupone al ser estos lo amigos de mis amigos íntimos y no tan íntimos pero todos sumamente amariconados, pues bien, todos estos jóvenes mozos que se han visto en la necesidad o deseo de conocerme, al ser requeridos qué bebida deseaban tomar, en un noventa por ciento han respondido Coca Cola Zero.
Siendo esta bebida con Zero o sin cero totalmente ajena a los gustos de mi hogar, respondí con una sonrisa que esto yo en mi casa no lo tengo porque tampoco lo conozco.
Las cejas de mis invitados se arquearon ostensiblemente con aires de incomprensión a una dama de edad avanzada pero indefinida que no estaba al loro de lo que la juventud marchita de los cuarentones en cuestión necesitaban para mantener su talle esbelto para cuando hagan cabriolas sobre el colchón para recibir aquellas visitas tan deseadas como escasas, pero esto es tema de otro día.
En mi casa esta bebida funeraria no entrará nunca a través de mi cesta de la compra y si se localiza alguna botella infiltrada, es porque alguien adicto al negro,  trae las botellas camufladas en sus bolsos de Gucci.